Un parto

 

           

 

Una noche helada,

de invierno.

Una noche sin luna,

que no recuerdo.

Una fiebre y resfrío,

que me tenían consumida.

Un cuerpo agotado,

entre embarazo y virus.

Un pensamiento errado,

y mis ojos ya cerrados.

“La naturaleza es sabia…”

me dije.

“…hoy no es un día para parir”

Y me dormí.

 

*

 

Un despertar abrupto,

sólo una hora descansé.

La espera terminaba,

el día que menos pensaba.

Se repetía la historia

de mi primer embarazo.

De noche y en la cama,

rotura de membranas.

Un mismo inicio de parto,

mismas ganas de vivirlo, sentirlo.

El mismo comienzo,

y yo no quería el mismo final.

 

*

 

Una noche entera por delante,

y las contracciones no venían.

Una noche en vela,

a la espera del dolor.

Doce horas pasaron,

y ni atisbo de contracción.

Doce horas pasaron

y debíamos partir.

A la clínica llegamos,

caminaba como si nada.

Como si nada caminaba,

porque nada aún pasaba.

 

*

 

Matrona y obstetra presentes,

apoyo discreto y constante.

Ahí estábamos acompañados,

tiempos y ritmos respetados.

No hubo interrupciones,

ni tactos innecesarios.

No hubo malos tratos,

ni tampoco ironías.

Pero el tiempo corría,

y no podíamos esperar más.

 

*

 

Un paño con olor a salvia,

las contracciones llamaría.

Y un empujón hubo que dar

para dar inicio al final.

Una sala acogedora,

para facilitar la llegada.

Una sala con música y calor;

oscura, como si no hubiese sol.

Sólo nosotros dos y la matrona,

ya no entraron más personas.

Unas horas pasaron,

y entonces comenzó.

Uno y otro movimiento,

caminaba todo el tiempo.

Un abrazo, una palabra de él,

apoyo fundamental para contener.

El dolor ya se sentía fuerte,

pero quedaba aún por recorrer.

 

*

 

Una ducha salvadora,

donde todo fluyó,

Un vapor envolvente,

respirar me permitió.

Una canción relajante,

respiración y ritmo penetrante.

Agua, vapor, olor y dolor,

los sentidos todos en acción.

Un cansancio acumulado,

pero que ya va encaminado.

Una mujer entregada,

entre contracción dormitaba.

 

*

 

Y de pronto un grito,

que salió de mi interior.

Un abrazo a él, rendida,

sentí una fuerte presión.

Una colchoneta que acogía,

oscuridad a plena luz de día.

Un equipo en silencio,

observando, esperando.

Una intensa pulsión

ésta sí que dolió.

Uno, dos y tres pujos, y en éste,

un grito que logró expulsión.

 

*

 

Un cuerpo agotado,

entregado a la emoción.

Un pequeño ser nacido,

sobre un cuerpo parido.

Una cría alimentándose,

de esa mujer que parió.

Una mujer madre entregada

relajada, desbordada.

 

*

 

El mismo inicio de parto,

mismas ganas de vivirlo, sentirlo.

Un mismo inicio de parto,

y no tuvo el mismo final.

Un mismo inicio de parto,

respetando ritmos y emoción.

 

*  *  *

 

Un parto con o sin anestesia, no hace la diferencia. Y está en cada mujer elegir si quiere o no sentir dolor. Igual de respetable son ambas opciones. No le veo sentido a la angustia o cansancio desbordado, una mujer pasándolo mal.

Un parto respetado se inicia desde el embarazo, donde el profesional sabe escuchar y respetar, entendiendo que el proceso y término no es una enfermedad. Siempre que no hayan complicaciones para la madre o el nuevo ser, se puede dejar fluir naturalmente, el proceso de parir, como todo mamífero.

Embarazo y parto, son de nosotras, y por siempre lo serán. Que quienes te acompañen en ese proceso, sean personas que te acojan, escuchen y respeten. Averigua, conversa, pregunta, nada malo hay en querer saber y entender. Para luego, poder escoger.

 

 

Comments (3)
  • Vale Gerstle

    November 11, 2018

    ❤️ precioso Cote querida

    • mj

      November 13, 2018

      Gracias Vale! Que emoción que ya vendrá lo tuyo <3

  • Pilar

    November 13, 2018

    Precioso relato!!! Felicitaciones!!

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